The Walking Dead 6. Análisis Del Episodio 14

Los finales de temporada de The Walking Dead suelen estar medidos al detalle, cuidados por el equipo de guionistas para que nuestra experiencia vaya en un continuo in crescendo que nos deje con ganas de más, de que llegue inmediatamente la nueva temporada. El episodio de esta semana, regular en su transcurso pero terriblemente falto de interés en más de la mitad de su metraje, sirve para situarnos y disfrutar sin explosiones ni tiroteos de por medio de la evolución de unos personajes que en este momento giran en una ruleta letal para ver en qué casilla caerá la mortífera bola de Negan. Daryl, Rosita y Denise por un lado, y Abraham y Eugene por el otro protagonizan este capítulo que dosifica a Rick de cara al Tourmalet físico y emocional que se avecina. Los cinco pasean, a paso lento, por este viaje al pasado lleno de sorpresas. Para descubrírtelas, tenemos que abrir el episodio en canal, por lo que te recomendamos que, si aún no has visto la entrega de esta semana, no sigas leyendo. Lo que viene a continuación es puro territorio spoiler.

Twice as far es, posiblemente, la última parada tranquila (y no del todo, como ya contaremos más adelante) de esta sexta temporada. A dos episodios para el final, The Walking Dead se toma sus últimos momentos para que el peso narrativo caiga únicamente en sus personajes. Con Rick y el grupo de regreso, preparándose para lo que se avecina, es el turno de explorar a los otros habitantes de Alexandria que han dispuesto de menos minutos para lucirse. Es el caso de Rosita y Denise, que salvo alguna situación puntual, han sido prácticamente testimoniales en esta segunda parte de la temporada. Mientras la ex de Abraham todavía está digiriendo la ruptura con el barbudo pelirrojo, y busca consuelo en los brazos de Spencer Monroe, Denise sigue torturándose por haber reprimido sus sentimientos hacia Tara. Ambas encontrarán una vía de escape fuera de los muros, donde iniciarán una expedición con Daryl para encontrar medicinas en una farmacia relativamente cercana. Daryl también tiene su propio trauma: haber dejado vivir a Dwight, el traidor que le robó la moto y su ballesta.

Mientras este improbable trío se dirige a la botica y conocemos algo más de la turbulenta infancia de Denise, que la convirtió en alguien mucho más fuerte y capaz de lo que aparenta en un principio (hasta sabría conducir una camioneta mejor que Daryl, que parece más diestro sobre dos ruedas), Abraham vuelve a compartir planos con Eugene, un hombre que hace no mucho era su enemigo irreconciliable. Sin embargo, parece que el cambio de look, pero sobre todo de actitud, del Dr. Porter parece haber calmado los ánimos homicidas de Ford, que se anima a acompañar a este renacido superviviente y máquina de matar en ciernes a una destartalada nave industrial. Sin embargo, Eugene sorprende a Ford por su determinación e inteligencia. Este cerebrito está convencido de que esa maquinaria puede convertir a Alexandria en la primera potencia armamentística del nuevo orden post apocalipsis zombi. Las balas y el plomo serán la nueva moneda y Porter está convencido de que pueden ser el banco. Tan seguro está de sí mismo que se atreve a intentar matar a la versión zombi del T-800, pero aún le queda camino por recorrer. Menos mal que está Abraham para terminar el trabajo, cosa que no hará ninguna gracia al hombre de la coleta, que tras una discusión, verá como el sargento le abandona a su suerte.

Por su parte, Daryl, Rosita y Denise consiguen llegar hasta la farmacia, un lugar que hará que la sanitaria de Alexandria bucee en sus recuerdos del pasado. Unos llaveros con nombres propios la hará recordar a su hermano. También provocará que, al igual que Eugene, reúna valor para, a espaldas del rastreador y la ex de Abraham, adentrarse para acabar con un desgraciado caminante. Sin embargo, también descubrirá que todavía no está lista para todos los males que acechan en el exterior. Algunos vienen de frente, y por muy horribles que sean, se pueden atacar y vencer. Otros, como el que esperaba dentro de esa maloliente habitación, se quedan dentro de tu memoria, perforan en tu mente, y se alojan como un parásito en su huésped. Con la misión cumplida, es hora de volver a casa. Daryl confiará en Rosita y seguirá el camino de las vías del tren. Raíles que, recordando a Terminus, no pueden traer nada bueno.

Y eso que al principio parecía que sería un plácido viaje, viendo cómo Denise y Daryl estrechan lazos mientras hablan de sus temperamentales hermanos (tranquilo Merle, yo también te echo de menos) y la doctora consigue, por fin y no sin esfuerzo, su preciada lata de refresco de naranja. Todo parece ir bien, y hasta Denise se alza como una herramienta para que Rosita y Daryl venzan sus inseguridades. Sin embargo, la lección queda inacabada, ya que una flecha, lanzada por la ballesta de Daryl, irrumpe violentamente en el cráneo de la alexandrina. Una vez más, se cumple la máxima de la serie. Personaje secundario cuyo fondo personal desconocemos y es revelado, es aniquilado. El pasado siempre vuelve, y más en una serie en la que ni siquiera los muertos se quedan quietos y enterrados. En este caso es Dwight, el hombre que Daryl dejó con vida, el que acaba con Denise. Además tiene a Eugene como rehén y avisa de las intenciones de su grupo de neganitas: van a ir a Alexandria, van a coger lo que quieran y a quienes quieran, y van a imponer su ley hasta las últimas consecuencias.

Por suerte para los alexandrinos, no contaba con los recursos de un Eugene que derrocha inteligencia y, literalmente, voracidad, para poner en un aprieto los neganitas de Dwight, cuya cara quemada pide a gritos una historia. Abraham termina por desarticular la amenaza en un tenso tiroteo en el que el Dr. Porter paga el precio de su heroicidad con un balazo en el costado que, gracias al último servicio de Denise (esos codiciados antibióticos) queda en sólo un susto. Los enfrentamientos siguen en aumento y en este se cobran la primera baja sensible, una Denise que empezaba a alcanzar la relevancia en el grupo que, como médico, ya tenía en la estructura de Alexandria. Queda por ver cómo afecta esto a Daryl, que por no matar a Dwight debe cargar con otra pesada losa.

Carol, su gran apoyo, no podrá ayudarle esta vez. Convencida de que Alexandria ha entrado en un bucle interminable (así lo refleja magistralmente el prólogo), ha decidido por su cuenta retomar las vacaciones en el exilio que un día le impuso Rick y romper el círculo. Está cansada de querer algo y luchar para ello, para luego verse obligada a matar para conservarlo. Las palabras de Morgan han hecho efecto en ella, que no quiere más sangre en sus manos. No así en Rick, que tras ver cómo su viejo amigo termina de construir los muros de la celda, parece no ver la utilidad de disponer de una celda. Inquieta ver la indiferencia de un antiguo sheriff al no ver la necesidad de una vía de castigo que no sea la muerte, ¿será ya un asesino al margen de la ley?.


En definitiva estamos ante un episodio dedicado a los cerebros de Alexandria que reparte minutos entre los menos habituales de las tramas principales (a excepción de Abraham y Daryl) y que nos prepara, con la primera pérdida importante desde que volvimos de midseason, para el drama que se avecina. A la marcha de Carol se une la muerte de Denise, precisamente cuando se acerca el momento en que será más necesario tener un médico capacitado. La semana que viene toca volver al exterior y temer porque otra flecha perdida podría cerrar la participación en la serie de otro de nuestros queridos protagonistas.


Juanjo Velasco es colaborador de IGN España, lo podéis encontrar en Twitter para hablar de casi cualquier cosa, hasta de zombis.

Chloe Bennett

Chloe Bennett

Culture, Media & Entertainment Columnist

Chloe Bennett explores the intersection of pop culture, streaming entertainment, digital trends, and contemporary lifestyle. Her weekly commentary reaches thousands of culture enthusiasts.

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